• C.Belén Sánchez

El Jardín de la mitología Griega

Hera,  poseía un  maravilloso jardín en un lejano rincón del occidente, que los antiguos escritos sitúan cerca de la cordillera del Atlas en el Norte de África.

En este jardín un árbol regalado por Gea a Hera con motivo de su boda con Zeus era el centro de todas las miradas. Éste árbol tenía la característica de producir manzanas de oro.

Así empieza la historia de las Hespérides, las ninfas encargadas de la custodia del maravilloso jardín de Hera, y en esta historia, se inspiraron y les sirvió como hilo argumental del jardín a los diseñadores María Teresa Santamaría, Antonio Gallud, Miguel del Rey y Carlos Campos para realizar el diseño del JARDIN DE LAS HESPERIDES, que nos transporta a la mitología Griega nada más entrar en él.

He visitado este jardín muchas veces, desde que lo conocí en mi etapa universitaria. Siempre bien cuidado, limpio y aunque el adjetivo vaya a sonar un poco extravagante, puro.

Y digo puro porque no tiene perdida, desde el momento en el que entras por alguna de sus dos majestuosas puertas de acero corten, una enfrente de la otra, ya empieza a contarte la historia, ya te das cuenta de que este jardín no es ‘normal’ y suerte, porque su  ‘anormalidad’ es lo que lo hace que sea especial.

Se sitúa en Valencia, en la calle Beato Gaspar Bono, entre el Jardín Botánico y la G.V. Fernando el Católico, en pleno centro, fácil acceso, bien comunicado y accesible a todos.

Y continuando con Hera, que amaba el jardín y sobre todo al árbol,  encargó a las Hespérides, que según reza la tradición eran 3, Egle, Eritia y Hespertusa, el cuidado de éste. Sin embargó, las Hesperides no respondieron a Hera como ella esperaba, pues en lugar de custodiar la dorada cosecha se la adueñaban para ellas..

Terriblemente enfadada, Hera puso en el jardín un dragón de cien cabezas, Ladón, que enroscado en el tronco del preciado árbol se encargaba de cuidar.

Desde esa posición Ladón tiene ante si una gran explanada en el Jardín de las Hesperides de Valencia, desde donde ve cada uno de los rincones y a los visitantes que a él acuden, además de continuar con su tarea principal, cuidar el árbol.

Los materiales usados en el jardín armonizan en textura y color con los elementos vegetales, lavandas, santolinas  y romeros como aromáticas, el cerramiento del jardín, formado por cipreses y por supuesto el álamo, sauce y olmo. Al final del post os enterareis de porqué éstos árboles son tan importantes en esta historia.

El agua es otro elemento fundamental en este jardín, y se representa en niveles: una fuente que surge del punto más alto del jardín, escondida entre los cítricos. El agua se desliza por canalillos que recorren las terrazas de agrios, sumergiéndose en su tramo final y discurriendo enterrada bajo la explanada, vuelve a emerger en uno de los  estanque, justo al lado del sauce.

El  otro estanque, más escondido, mantiene el agua en calma, y la Diosa Venus, protectora de los parques y jardines se ve reflejada en él.

Mientras recorremos el jardín podremos observar las diferentes esculturas del artista Miklos Pàlfy que representan a nuestros protagonistas en la historia.

Característica importante de este jardín es la magnífica colección de cítricos que posee. Con esta colección se pretende recuperar algunas especies que un día tuvo la colección del vecino jardín botánico y además, poner en relieve y magnificar la tradición citrícola de Valencia.

Esta colección está representada por los ocho grupos agronómicos que componen el género citrus: cidro, limonero, mandarino, naranjo amargo, naranjo dulce, pomelo y pummelo, cultivados en forma de árbol, en maceta o en espaldera, técnicas diferentes que los lligadors d’horts o jardineros valencianos, tan apreciados en tiempos de Alfons el Magnànim, manejaban con verdadera destreza y que hoy son prácticamente desconocidas.

La zona más misteriosa del jardín se encuentra en la pérgola cubierta de bouganvilla y desde donde se puede ver, a modo de balcón todo el jardín.

Como todas las historias griegas, ésta y disculpad por revelar el final, también acabó en tragedia.

A Hércules, que ya sabéis que era hijo de Zeus, para poder convertirse en Héroe, le fueron encomendado doce trabajos entre los que se encontraba, robar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. Fue a buscar los frutos de la inmortalidad y se apoderó de ellos venciendo a Ladón, que fue transportado al cielo donde se convirtió en constelación: la serpiente.

Las gotas de sangre que derramó el dragón al morir,  cuando llegaron al suelo se convirtieron cada una de ellas en Dragos, cuyas ramas se parecen a las cien cabezas del dragón y cuyo tronco desprende una sabia o resina de color rojo, llamada sangre de drago, que actualmente se sigue usando con fines curativo.

Las pobres Hespérides, desesperadas por haber perdido las manzanas cuya custodia tenían confiada, se transformaron en árboles: olmo, sauce y álamo.

Ya veis, que a veces las historias que parecen tan lejanas, son el origen de las de esos maravillosos árboles milenarios que son los Dragos, que en la cultura Canaria han dado origen a tantas leyendas y literatura.

Si queréis ver un jardín diferente, en el de las Hespérides de Valencia, os moveréis de Grecia a las Islas Canarias acompañados por luchas, hechizos y manzanas de oro, porque quizá y si sea cierto que en las Islas estaba el originario Jardín de las Hespérides.

Lo que las leyendas no cuentan es lo mal que le sentaría  a Hera quedarse sin manzanas….

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